jueves, 29 de enero de 2026

COMPRANDO TIEMPO: LA SEGUNDA REGULARIZACIÓN MASIVA

“Comprar tiempo”, solamente “comprar tiempo”, para permanecer en el poder. Tal ha sido el único objetivo de Sánchez desde su llegada a la Moncloa y, especialmente, después de perder las elecciones de 2023: más que gobernar, su único objetivo ha sido permanecer el mayor tiempo posible en el poder. Eso tenía dos ventajas: satisfacía a su ego y, por otro lado, permitía dilatar el tiempo de saqueo del país. A esto se añadió un tercer factor: comprar tiempo para retrasar al máximo la inevitable rendición de cuentas ante la justicia y esperar el improbable milagro que les ayude a remontar. ¿A quién “compraba tiempo”? A los “aliados”: Sumar, Podemos, ERC, Bildu, Junts… Lo intentó también con el PP, pero, finalmente, éste no le siguió en la que va a constituir la mayor traición jamás realizada a la historia y a la identidad nacional, desde la regularización masiva de Zapatero en 2005…

Pero si en 2005, todavía el zapaterismo no había revelado por completo su ADN y el PSOE estaba incomparablemente más fuerte que ahora (el ciclo felipista se había cerrado apenas siete años antes y las bombas del 11-M le habían dado una mayoría relativamente cómoda), ahora la situación es completamente distinta: el PSOE sanchista (o lo que queda de él), inició la legislatura tras haber quedado segundo en las elecciones de 2023 y obtener la mayoría apoyado por otros partidos, igualmente derrotados en aquella convocatoria. Estaba claro, desde el principio que el futuro de Sánchez dependería de estos otros partidos, mucho más que de él mismo: era el “bloque de los derrotados”, Junts, ERC, Podemos, Sumar…

Una personalidad política sensata y consciente de su deber de estadista, hubiera convocado inmediatamente elecciones o bien habría pactado una “gran coalición” con el otro partido mayoritario, el PP (que, a fin de cuentas, era el que había quedado en primer lugar). Pero Sánchez quería gobernar solo y tener las manos libres para hacer de su capa un sayo con el patrimonio del Estado.

Rodeado de una banda mafiosa y apoyado por una confederación de federaciones surgidas del creciente proceso de desintegración de la izquierda y de su fracturación regionalista, Sumar, verdaderos indigentes políticos a los que, desde el principio, sabía que podía manejar a su antojo, Sánchez abordó la que puede calificarse como legislatura más triste, miserable e inestable de la historia moderna de España.

Sánchez confiaba en “ganar el relato” mediático gracias a carne de periodistas comprados a precio de saldo y a un Tezanos al frente del CIS capaz de transformar cualquier derrota en “previsible victoria”.

Pero, desde el principio de la legislatura, todo le ha ido mal:

- los “tabloides de ultraderecha” (esto es, la prensa libre) ha sacado a la superficie indecibles casos de corrupción, los influencers y youtubers han ido ganando peso sobre los medios de comunicación convencionales y, prácticamente ninguno, entre los que gozan de mayor audiencia, ha apostado por el sanchismo, ni siquiera por la izquierda; las políticas “guerracivilistas” y de “memoria histórica” se han mostrado más contraproducentes que rentables;

- el “año Franco” ha constituido un fracaso absoluto, España está cada vez más aislada internacionalmente (y no solo por los cambios en los EEUU), incluso dentro de la UE;

- su giro marroquí en política exterior ha hecho desatar todo tipo de sospechas sobre sus motivaciones últimas y alguna vez Marlaska deberá explicar porqué disolvió las unidades más eficientes en la lucha contra el narcotráfico en la zona del Estrecho;

- la política generalizada de indultos a los amigos y aliados ocasionales, en especial a los declarados culpables por el caso ERE-Andalucía y antes a los promotores del “procés”, fue suficiente para demostrar que Sánchez sería capaz de cualquier cosa para mantenerse en el poder siguiera unos días más…

- las concesiones continuas a independentistas, realizadas incluso a sabiendas de que no podría cumplirlas y que, en cualquier caso, beneficiarían al PSC, el único grupo socialista que se mantiene mal que bien a flote en las regiones, que es a la postre quien gobierna en Cataluña.

A esto es a lo que hemos llamado “compra de tiempo”: a veces a ERC, otras a Junts, algunas a Podemos, otras a Sumar e, incluso al PP...

Ahora, acosado por una ristra de derrotas regionales previsibles y encadenadas a lo largo de 2026, ya le queda muy poco margen de maniobra. La buena noticia es que, la “etapa Sánchez” va a ser tan gravosa para el PSOE que es previsible que tras concluir siga el camino de otros partidos socialistas de Europa Occidental y se suma en la irrelevancia.

Pero, como decimos, quedaba la última “traca”, la regularización de “500.000 inmigrantes ilegales”.

Se venía hablando de ello desde el principio mismo de la legislatura. Inicialmente, Feijó aceptó “negociar” con Sánchez esa “regularización masiva”. Sánchez, inicialmente, habló de 750.000 irregulares, Feijóo le respondió que con 500.000 sería suficiente… Pero el problema es que, en ese tiempo, ya no son 750.000 sino que están próximos al millón y, en un momento en el que la inmigración se ha convertido en el principal problema de Europa Occidental y en el centro del debate político que está desgastando a los partidos tradicionales de centro-derecha y de centro-izquierda.

No es raro que Sánchez haya optado por la vía del decreto-ley, sin pasar por el parlamento. El debate público le hubiera restado aún más simpatías. Pero tenía prisa: el accidente de Adamuz había revelado que el ministerio de comunicaciones había cometido tantos errores encadenados que era imposible que, en esta ocasión, desviara la atención hacia otros responsables.

Las cifras cantan y está demasiado claro que tanto Abalos como Pardo de Vega y, seguramente el propio Puente, han sido responsables últimos del accidente, al haber actuado, no por acción, ni por omisión, sino por COMISIÓN en el tema de la seguridad de los ferrocarriles. Corría prisa tapar cuanto antes el bochorno y el dolor, las molestias causadas especialmente en Cataluña por la red de cercanías. Se improvisaron nuevos “relatos”:

- Los medios oficialistas desviaron la mirada hacia los EEUU, Minnesota y la dureza del ICE en la captura y repatriación de ilegales a la vista de que el tema “Julio Iglesias – agresiones sexuales” no pudo mantenerse durante mucho tiempo;

- tampoco los desórdenes en el Irán de los Ayatolás, permitió desviar mucho tiempo la atención (a pesar del “hinchado” desmesurado e increíble del número de víctimas que se ha llegado a establecer en “54.000”),

- se evitó hablar mucho del bloqueo parlamentario en Europa del acuerdo con el Mercosur (una de las primeras victorias de la “ultraderecha” europea),

- con el “decreto-ómnibus” se intentaba forzar a que la derecha aprobara las subidas de pensiones con el trágala de eternizar la okupación; pero el resultado ha sido el contrario al esperado: se han multiplicado las ocasiones para que los partidos de derecha pudieran explicar por qué se han negado a seguir el juego del trilero de la Moncloa.

Así que solamente quedaba rescatar el viejo tema de la inmigración ilegal y masiva que siempre podría tapar el escándalo del momento: la crisis del ferrocarril y los 45 muertos de Adamuz.

Para ello, Sánchez contaba con un solo apoyo: el partido más impresentable, desaprensivo y tontorrón que haya aparecido jamás en un país europeo, Podemos, con sus “chicas loquitas” y sus “hombres deconstruidos”, con ese sentimiento innato de que su obligación es ponerse siempre al lado de los pobres, de los desheredados y… de los inmigrantes ilegales.

Claro está que, con el decreto de regularización de 500.000 inmigrantes, la candidatura aragonesa de “la niña de los paradores”, Pilar Alegría, quedaba apuntillada (por si no tenía suficiente con las recientes cesiones fiscales a la gencat). Pero ¡qué le importa a Sánchez el futuro de una colaboradora no particularmente dotada, ni inteligente, aunque si oportunista, fiel y sacrificada, siempre dispuesta a inmolarse! ¡Que la importa Sánchez la sigla de su partido que él mismo se ha encargado de liquidar pieza a pieza y, particularmente en Aragón!

El PSOE siempre ha tenido vocación de “regularizaciones masivas”. Pero, en los veinte años que median entre la primera y esta han generado un escenario completamente diferente. En 2005, ningún partido protestó, la sociedad, en su inmensa mayoría, permaneció muda ante el destrozo, nadie lo utilizó como bandera electoral. En 2026, incluso la propia UE, está empezando a dar marcha atrás en la admisión de inmigrantes. Se ha visto cuál es el fondo de la cuestión: los que llegan no se integran y generan una situación que alimenta a los partidos populistas, identitarios y euroescépticos. El “negocio de la inmigración” es, para los partidos de centro, de centro-izquierda, y de izquierda, pan para hoy y hambre para mañana. De seguir así, la inmigración en los próximos 4 años, habrá costado la desaparición de la socialdemocracia europea y de buena parte del centro-derecha.

Pues bien, Sánchez, valorando pros y contras ha abierto el camino por decreto a una nueva regularización masiva. En principio, abierta a “500.000 ilegales”, de los que dice -sin mucha convicción- que la mayoría son andinos y rumanos. Lo dudamos: en principio, porque no son 500.000, sino más bien entre 750 y 800.000 y, en segundo lugar, porque, siempre que se produce un proceso de este tipo, se genera un “efecto llamada” inmediato (incluso de inmigrantes que ya están en Europa y que buscan el país en el que regularizar su situación antes. Así pues, es posible, que desde el momento en el que se apruebe el decreto, hasta que empiece la regularización, al terminar ésta, el número de inmigrantes ilegales vuelva a estar situado en torno al 500.000 (como ya ocurrió durante la regularización de 2005). Y lo que es peor: en pocos años, sean los que sean los regularizados, multiplicarán su número por cuatro acogiéndose a la “reagrupación familiar”.

Y esto llega en un momento en el que los servicios públicos (educación, sanidad y transportes) están en crisis, cuando las promesas de construir 850.000, 1.000.000 de “viviendas sociales” realizada por Sánchez en campaña electoral, ni siquiera han arrancado, cuando la oposición social a las okupaciones es cada vez más cerrada. No es difícil prever que los problemas generados por esta regularización masiva van a agravar todos estos frentes, ya de por sí, muy mermados y en crisis desde 2005.

Si el sanchismo se está retratando en toda su vileza, demagogia e imprevisión, sus aliados ocasionales -en este caso Podemos- han demostrado a lo que ha quedado reducido la extrema-izquierda. No vale la pena calificarlos: se irán extinguiendo por sí mismos y los restos sustituidos cada vez más por burkas, chilabas y manteros ascendidos a diputados. Las “loquitas” y los “deconstruidos” que no esperen que moros, negros y andinos, les agradezcan sus desvelos.

En este momento, lo que preocupa a los socialistas, ya no es perder las elecciones aragonesas, andaluzas, castellano-leonesas, sino ser superados por Vox y quedar relegados a tercera fuerza en algunas de estas comunidades. No se dan cuenta de que, para ellos, el problema es mayor aún: la alteración radical del sustrato étnico del pueblo español es algo que NO VAMOS A OLVIDAR JAMÁS. Deberán pagar y pagarán por lo que están tratando de hacer.

Algún día les pediremos cuentas por el único delito que deberían procesarlos, el más grave de todos ellos: la traición a nuestra identidad y a nuestra historia.

ANEXO

MEMORIA HISTÓRICA:
LA REGULARIZACIÓN MASIVA DE ZAPATERO EN 2005.

El “humanismo” enfermizo de Bambi-ZP, situado fuera de la realidad cotidiana de una España que crecía a golpes de ladrillo y con la presencia de millones de turistas de medio y bajo poder adquisitivo, debía de engendrar un monstruo: la “regularización masiva” que se prolongó administrativamente entre febrero y mayo de 2005. 

Es cierto que Zapatero cuando se encontró en la Moncloa había heredado 800.000 inmigrantes ilegales llegados en los últimos dos años del período Aznar, pero la solución no era una regularización masiva, sino justamente lo contrario: una repatriación masiva que cortara el “efecto llamada” cuando ya empezaban a presentirse negros nubarrones en el sector de la construcción y resultaba evidente que la especulación inmobiliaria había llegado demasiado lejos y la burbuja se aproximaba a su estallido. Un lugar de eso, la regularización masiva, multiplicó el “efecto llamada”.

Aquella “regularización masiva” estuvo mal planteada desde el principio y fue uno de los signos de que el nuevo gobierno estaba formado por “amateurs” con poca capacidad de gestión y un exceso de irresponsabilidad. No era sólo el presidente del gobierno el que estaba anclado en las nubes del dogmatismo en materia de inmigración, sino que el quehacer de su círculo más íntimo de colaboradores iba por los mismos derroteros. Rafael Caldera, aconsejado por Consuelo Rumi, fueron los responsables de la catástrofe en la que se convirtió aquel episodio

En agosto de 2004, cien días después de que Zapatero hubiera tomado posesión de su cargo, Consuelo Rumi anunció sorpresivamente que se iba a producir una regularización masivaTras muchos titubeos y rectificaciones, se anunció finalmente que el proceso tendría lugar entre febrero y mayo de 2005. El plazo entre el anuncio de la regularización y el inicio de la misma había sido tan extenso que generó un amplio efecto llamada incluso de inmigrantes ilegales radicados en Francia y Portugal que hizo que pasaron de la condición de ilegales a la de legales fueran reemplazados por la misma cantidad de nuevos ilegales generados durante el tiempo entre que se anunció el proceso y concluyó. 

Los requisitos iniciales que se pedía eran: haber llegado a España antes de junio de 2004 y contar con un contrato de trabajo firmado de seis meses como mínimo. Inicialmente lo que preveía era castigar a los patronos que hubieran contratado a ilegales obligándoles al pago de las cuotas atrasadas de la Seguridad Social. Naturalmente, la patronal no estaba dispuesta a pagar la factura, así que se negaron a aceptar estos términos… con lo que la factura de cuotas atrasadas de la Seguridad Social la pagaría todo el pueblo español. UGT y CCOO asintieron. Fue así como el Gobierno y los "agentes sociales" alcanzaron el 10 de noviembre un acuerdo en torno al reglamento de desarrollo de la Ley de Extranjería que recogía una disposición transitoria para abrir un proceso de legalización de inmigrantes en situación irregular que contasen con un contrato de trabajo. El ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Jesús Caldera, estimó tras la firma del acuerdo que el proceso podría realizarse durante los meses de febrero, marzo y abril de 2005

Lo que Caldera no estuvo en condiciones de decir es cuántos inmigrantes resultarían legalizados en esta operación. De hecho, sus “previsiones” oscilaron entre los 400.000 iniciales y los 800.000 previstos poco antes de iniciarse la regularización. Sin embargo, solamente en 2003, la UE estimó que habían entrado en España como mínimo 600.000, la mayoría ilegales. A estos se unirá el número de ilegales que entraron en los tres años anteriores de los cuáles solo un 30% habían resultado regularizados o entraron con papeles en regla.

Inicialmente Caldera insistió en que la regularización sólo afectaría a extranjeros que ya se encontrasen trabajando en un intento de cortar las críticas susceptibles de argumentar que contra más trabajadores se legalizaran los salarios tenderían más a bajar. El contrato de trabajo que se requería como condición sine qua non para regularizarse debía estar firmado por empleador y trabajador de una duración de seis meses, aunque se recogía un tratamiento específico para trabajadores del sector de agricultura, hostelería y construcción, así como para el servicio doméstico. 

Casi nadie estaba de acuerdo en que regularización se realizara en los términos en los que se hizo: los empleadores (la mayoría autónomos o pequeñas empresas) porque perdían la posibilidad de contratar a trabajadores ilegales y, por tanto, el precio de la mano de obra se les encarecía, los inmigrantes porque para acceder a una autorización de residencia y trabajo debían darse de alta del contrato en la Seguridad Social, lo que otorgaría una autorización de residencia durante un año a cambio de una merma en sus ingresos. Pero nadie había preguntado a la sociedad y ni siquiera el PSOE lo había hecho a sus electores a la vista de que en el programa electoral de 2004 no figuraba en lugar alguno alusiones a una regularización de ilegales. 

Dado que la patronal no había consentido pagar cuotas atrasadas, el reglamento que reguló el proceso no exigía demostración alguna de relación laboral previa entre empleador y empresario ni tampoco obligaba a éste último de pagar las cuotas atrasadas de la Seguridad Social. En definitiva, y como norma general, terminó exigiéndose al extranjero en situación de ilegalidad que estuviera empadronado en España seis meses antes de la entrada en vigor del Reglamento y que presentase un contrato de trabajo, firmado por empleador y empleado, para otros seis meses

En la práctica, parece claro que un inmigrante, por el mero hecho de haber llegado antes de junio de 2004 (¿cómo demostrar la fecha de entrada cuándo muchos inmigrantes la ocultaban y declaraban haber extraviado sus pasaportes, mientras que basaban sus pretensiones en documentos privados fácilmente manipulables, incluso en tickets de supers?) y por el mero hecho de poder presentar un contrato de seis meses (¿y cómo evitar que el “empleador” argumente al día siguiente de la regularización del inmigrante que se ha visto obligado a despedirlo?) ya está regularizado por siempre jamás… 

Sólo al terminar el proceso se supo que el nivel de fraude había sido muy alto, pero nadie se tomó la molestia de indagar el porcentaje. 

Luego, la banca y las cajas de ahorro hicieron lo demás para situarse ante el abismo: a partir de esta regularización y viendo que la concesión de hipotecas a ciudadanos españoles había tocado techo, empezaron a percibir la inmigración como un nuevo “target” del mercado inmobiliario. Las cajas de ahorro, especialmente la CAM y la Caixa Catalunya, empezaron a ofrecer a inmigrantes recién regularizados hipotecas sobre el 120% del valor de tasación de inmuebles de ínfima calidad, pagaderas a 30 años con el único “aval” de contratos de 6 meses y permiso de trabajo. Los pisos vendidos en aquella época, por lo demás, estaban sobretasados entre un 30 y un 40% del valor de su valor real. La catástrofe que seguiría en el momento en el que estallara la burbuja inmobiliaria supuso una dramática vuelta al orden y el fin de las Cajas de Ahorro que más clientela inmigrante habían captado.

El gobierno había demostrado debilidad a pesar de que se obstinara en presentarla como muestra de su “talante” negociador y dialoganteEn lugar de repatriar sin contemplaciones al millón largo de inmigrantes que había entrado ilegalmente en España, empezando por los que hubieran cometido delitos en territorio nacional, el gobierno socialista, dogmático y timorato como pocos, lo que hizo fue ceder ¡porque el proyecto de sociedad multicultural y mestiza de Zapatero precisaba inmigración masiva sin considerar si la podíamos mantener, ni si tendrían acomodo en nuestro escuálido mercado de trabajo! 

Esta tendencia a lo que entonces se llamó “la renuncia preventiva” fue una característica del gobierno Zapatero desde sus primeras semanas. La opinión pública española quizás no lo advirtiera pero quienes sí lo habían advertido fueron los dirigentes de las mafias paquistaníes de la inmigración

En los días posteriores a los atentados del 11-M había disminuido momentáneamente el flujo de inmigrantes; pero, poco después, la inmigración y los traficantes de carne humana, advirtieron los resquicios que dejaba abiertos la debilidad de ZP. Estas mafias -que en la región catalana siguen en importancia y actividad a las marroquíes- reaccionaron inmediatamente ocupando la Catedral de Barcelona en la peor infamia que recuerda la historia del lugar desde la violación del recinto por las tropas napoleónicas en busca de los patriotas barceloneses que no se resignaron a dejarse avasallar por “el francés”. Casi doscientos años después, las tumbas de los menestrales barceloneses sirvieron de urinarios, los bancos de la Cripta de Santa Eulalia y de la nave central, fueron apilados y colocados como barricadas dentro del Templo y, finalmente, la Sala Capitular en donde se encuentra el Santo Cristo de Lepanto, ¡¡¡se utilizó como basurero!!!

El gobierno ZP y el “honorable” Maragall, en lugar de reaccionar con expulsiones inmediatas y encarcelamiento de los allanadores –porque, a la postre, era un allanamiento y algo más que un allanamiento si tenemos en cuenta el carácter sagrado del lugar para unos y artístico para todos– prometió que “revisaría la política de inmigración”. Esta fue la señal que convenció a las mafias de la inmigración de la debilidad que estaba injertada en el AND del presidente del gobierno, algo que ya habían intuido durante la campaña electoral.  

A partir de ese momento, el “efecto llamada” se convirtió en una constante. Cuando tiene lugar la ocupación de la Catedral de Barcelona, ya se estaba rondando la cifra de 4.000.000 de inmigrantes.

A estos 4.000.000 había que añadir los que se hicieron eco del “efecto llamada” desencadenado a partir de las declaraciones de Consuelo Rumi en agosto de 2004, cuando estableció las normas generales de lo que luego sería la reforma de la Ley de Extranjería que abrió la vía para la regularización masiva de febrero-mayo. Sobre este período no hay cifras oficiales. El Ministerio del Interior, insistió a lo largo de todo el año 2005 que había disminuido el flujo de inmigrantes ilegales. Pero, de hecho, son los únicos que se atrevían a afirmarlo apoyados en trampas estadísticas y discriminación entre legales e ilegales, comunitarios y no comunitarios. Sindicatos policiales, gobiernos autonómicos y municipales, servicios sociales, servicios sanitarios, sin excepción eran mucho más pesimistas: en 2005, 2006 y 2007 se ha disparado la inmigración masiva. De hecho, la regularización masiva no fue considerada ni por la inmigración, ni por las mafias, como una muestra de “generosidad” (tal como Zapatero pretendía), sino de “debilidad”. Y al débil se le obliga siempre a que realice más concesiones.

La regularización convirtió la marejada en un alud incontenible, un “efecto llamada” redoblado, cuyas consecuencias duran todavía hoy.

Y no existen posibilidades de que ahora vaya a ocurrir algo diferente

 

 

 







miércoles, 28 de enero de 2026

EL CENTENARIO DE GAUDÍ Y LA SAGRADA FAMILIA (ALGUNAS PRECISIONES CRÍTICAS) [2 de 2]


Continuamos con la segunda parte de nuestros comentarios sobre el "Año Gaudí". Nos centramos en algunos aspectos de su trabajo (su intento frustrado de "superar al arte gótico"), de su personalidad (su mal genio, en concreto) y de sus orientaciones políticas (¿era regionalista, nacionalista o independentista?), para establecer una conclusión muy simple: lamentamos profundamente que Gaudí se haya convertido en un reclamo publicitario para el Ayuntamiento de Barcelona y una máquina de atraer turismo, justo en unos momentos en los que la Ciudad Condal ha pasado a ser considerada como una de las más peligrosas de Europa. 

 

9. LA AMBICIÓN FRUSTRADA: PASAR A LA HISTORIA DE LA ARQUITECTURA SUPERANDO AL GÓTICO

Pero no nos desviemos. Gaudí era el objeto y el sujeto de este artículo y a él retornamos. Hay en su personalidad algo de “titanismo”: el Titán es aquel que intenta un desafío ambicioso y… fracasa. Gaudí intentó imitar a la naturaleza y fracasó. Pero quizás el mayor reto que se propuso fue “superar al arte gótico”. Este arte, para él, tenía un elemento indeseable: los contrafuertes, arbotantes y pináculos que permitían aligerar, elevar los muros y convertirlos en ventanales apuntados por donde entraba la luz a través del vitral. Así pues, se propuso lograr un modelo constructivo que eliminase esos elementos. Así nació su obsesión por los paraboloides, hiperboloides, helicoide y demás… nunca antes ensayados en arquitectura. Estas formas permitirían liquidar contrafuertes y obtener formas nuevas “orgánicas”. En el período que nosotros hemos calificado como “neo-masónico” de Gaudí (1870-1882), ya intentó el “arco catenario” en la Cooperativa de Mataró.

El resultado es modesto: incluso muy modesto. La prueba de su fracaso es que nunca más ha sido utilizado en arquitectura. En el interior del edificio de Mataró, que todavía puede visitarse, se perciben claramente sus limitaciones: las naves no pueden ser muy anchas y si se quiere elevar la anchura hay que elevar también la altura, pero también el grosor de cada arco. Un “arco catenario” de la altura de la nave de la catedral de Beauvais (48,5 m), debería tener una nave de no menos de ¡292’5 metros de ancho!… ¿Podemos imaginar catedrales o edificios industriales más anchos que largos?

Para colmo, los arcos implican que los muros laterales o bien sean inclinados o bien precisen de una estructura propia, autónoma de los arcos catenarios, para ser rectos. Sin contar el resultado estético próximo a la fealdad absoluta en algún edificio diseñado por gaudinianos de estricta observancia.


Chalet-refugio de Ull de Ter, proyecto firmado por Jeroni Martorell, una de las pocas muestras de arquitectura en las que se aplicó el arco catenario con el resultado que puede percibirse...

Otros intentos de superar la arquitectura clásica más parecen ensayos de geometría recreativa que obras que puedan pasar por sí mismas a la historia de la arquitectura: las columnas inclinadas del Park Güell y las columnas “arborescentes” de la Sagrada Familia, sin ir más lejos, verdaderos “bosques petrificados”.

Julius Evola decía que el mundo moderno vive de todo lo que las anteriores civilizaciones han rechazado. Recuerda que la máquina de vapor, en la antigua roma, era un mero juguete para niños, pero que nunca se había aplicado al transporte, de la misma forma que el planeador estaba al alcance de civilizaciones tradicionales que dominaban tanto la física como la observación de la naturaleza y eran perfectamente conscientes -por sus observaciones sobre la naturaleza- que era posible que volaran objetos más pesados que el aire. Si nadie hasta Gaudí había utilizado los arcos catenarios sería por algo. Probablemente porque en ellos está ausente la sensación que el mundo clásico quería transmitir de orden, ritmo, medida y armonía. Esto es lo que está ausente en la geometría gaudiniana.

Decía Gaudí que las formas rectas son las del mundo y las curvas sugieren a Dios. Pero hay un matiz: olvidaba que, la esfera -no la “curva”- ha sido siempre considerada como la más perfecta, prefiguración simbólica de lo divino porque se da en ella la paradoja de que su centro está formado por la confluencia de infinitas rectas, pero también por que su superficie exterior está formada por infinitos puntos. Y si el círculo (utilizado en el diseño de las bóvedas góticas) es superior a la elipse y refleja mejor la armonía y la imagen de lo divino es porque ¡tiene un solo centro! Mientras que óvalo y elipse se trazan ¡a partir de dos centros!

Los arquitectos que están al frente de la Sagrada Familia han exaltado hasta la saciedad los estudios de geometría gaudiniana que serán aplicados al Pórtico de la Gloria, el principal y que todavía queda por construir mientras no se solucione el problema de las manzanas habitadas al frente en la calle Mallorca. Se entiende perfectamente el porque lo han dejado hasta el final y, no solo por la existencia de vecinos: es la fachada más discutible y en la que, por cierto, se pondrán en práctica algunas de las concepciones de la geometría gaudiniana aplicada a la arquitectura.

10. ¿CATALANISTA O INDEPENDENTISTA?

A Gaudí la política le interesó poco o nada, salvo quizás en su período de juventud (en donde estuvo próximo a movimientos anarquizantes). Luego, desinteresado por la política, pareció sentirse próximo al regionalismo catalanista del que el conde de Güell era uno de los impulsores. Como se sabe, el catalanismo político surgió tras la tercera guerra carlista y no fue más que un nacionalismo moderado en el que la burguesía regional quería tomar, mediante algún tipo de acuerdo con el gobierno del Estado, las riendas de su propio destino. Burguesía catalana y regionalismo están, pues, íntimamente ligados. Si Gaudí fue el “arquitecto de la burguesía catalana” es lógico que compartiera también los ideales de los primeros espadas de esos burgueses, empezando por su sempiterno protector, Eusebio Güell.

Ahora bien, el “regionalismo catalanista”, debía, casi necesariamente, transformarse en “nacionalismo” y el destino de todo nacionalismo no puede ser otro que el “independentismo”.

En 1924, dos años antes de su muerte, Gaudí fue detenido tras la manifestación del 11 de septiembre al dirigirse en catalán a los agentes de policía y negarse a cambiar de idioma (se dirigía a la Iglesia de los Santos Justo y Pastor). Eran los tiempos de la dictadura de Primo de Rivera y pasó cuatro horas en comisaría.

Es lícito dudar sobre la “evolución política” de Gaudí. Es un debate que todavía no se ha cerrado. Pero algunas cosas están claras: el desprecio hacia todo lo que no fuera catalán. Un ejemplo de su juventud es significativo: la directiva de la Cooperativa Mataronense invitó a miguel Morayta a un acto en sus locales (construidos por Gaudí), Gran Maestre del Gran Oriente Español (lo fue entre 1889 y 1901 y luego a partir de 1906) y Grado 33 del Rito Escocés Antiguo y Aceptado). Al hablar, se accionó un mecanismo para poner en marcha una corriente de agua que caía como una cascada cerca del escenario; la asistencia no podía oír la alocución de Morayta por el ruido del agua, Gaudí comentó: Si no se entiende lo que dice, mejor. Porque esa gente de Madrid son todos un atajo de tontos”, frase lapidaria.

Y parece que esta consideración fue una constante en su vida. Si la anécdota anterior se remonta a 1881, el encuentro -más bien el encontronazo- con Miguel de Unamuno tuvo lugar en 1911 según unos autores y en 1906 según otros. El encuentro fue organizado por el poeta Joan Maragall y tuvo lugar en las obras de la Sagrada Familia. Desde el principio las cosas no fueron bien: Gaudí se dirigió al vasco en catalán y éste, ya desde el principio, aborrecía la estética modernista. Gaudí explicó cómo sería la Sagrada Familia. Unamuno se limitó a comentar: “La obra de un loco”, mientras que Gaudí, mostraba idéntico desdén por su interlocutor: “No agrada a cap castellà” (No gusta a ningún castellano). 

Lo cierto es que, durante la dictadura de Primo de Rivera, el regionalismo ya había generado una “oposición de izquierdas”. La figura de Macià había irrumpido en 1922 con Estat Catalá. Al año siguiente se exilió en París. ¿Permaneció Gaudí en las mismas posiciones que el regionalismo del Conde Güell? ¿O se decantó hacia el independentismo radical de Macià? La polémica sigue abierta.

Las razones de uno y otro bando parecen incompletas: si los independentistas frecuentemente han dicho que en la Torre Bellesguard Gaudí se mostró “abiertamente independentista”, eso es discutible. Más bien se mostró como medievalista y el hecho de que, le leyenda diga que en la zona en la que se construyó el chalé estuvo la residencia de Martín I el Humano, y aunque sea cierto que introdujo en la construcción símbolos catalanistas y cristianos, es excesivo atribuirle en esa época una vocación “independentista”, cuando más bien es, como máximo, una muestra de adhesión a la “identidad catalana católica” propia del regionalismo.

La leyenda del “Gaudí separatista” fue cultivada, en primer lugar, por la prensa lerrouxista. En realidad, tras su período juvenil donde apareció en lugares anarquizantes y masónicos, durante su madurez estuvo próximo a las tesis catalanistas de Prat de la Riba y del propio Eusebio Güell. Al morir éste en 1918 y cesar la colaboración entre ambos, más o menos, en 1914 (fin del Park Güell y paralización de las obras de la Cripta de la Colonia Güell), ¿se adhirió Gaudí a las ideas y al entorno de Macià? No está demostrado, pero sí es cierto que albergó durante toda su vida resentimientos hacia “Madrid” y desprecio hacia todo lo que no fuera “tradición catalana”.

11. UN ABUELO CON MUY MAL GENIO

Algunos datos biográficos sobre Gaudí, especialmente a partir de 1910, nos lo muestran como una especie de “abuelo Cebolleta” con muy mal genio y poca tolerancia hacia las críticas. Cuatro años después, en 1914, se dedicó -por las razones que ya hemos comentado- exclusivamente a las obras de la Sagrada Familia. En esos años murieron varios familiares y amigos muy próximos. Uno de los biógrafos de Gaudí (Van Hensbergen) explica que en 1911 se le diagnosticó brucelosis, uno de cuyos síntomas son los cambios bruscos de humor, los accesos de cólera, el agotamiento físico, etc. La brucelosis es lo que ha permitido explicar algunos de los comportamientos y exabruptos del arquitecto. A esto se unían dos elementos que Gaudí practicó en su madurez: ciertas formas de ascetismo católico (ayunos prolongados) y las costumbres dietéticas y recomendaciones higiénicas del abate Sebastián Kneipp (vinculadas con la hidroterapia y a la kinesioterapia). Sea como fuere, Gaudí entre 1910 y 1911 sufrió dos graves dolencias: brucelosis y depresión severa.


El abate Sebastián Kneipp fundador de la hidroterapia y cuyos curiosos consejos higiénicos y nutricionales seguía Gaudí al pie de la letra

Sus amigos le indujeron a que se restableciera en Vich. Fue invitado por al domicilio señorial de Doña Concepción Vila. Pero aquel ambiente le disgustó aún más: consideraba que incitaba al hedonismo y, al parecer, durmió en el suelo. Cuando algún solícito viguetano se ofrecía a conducirle por los recorridos artísticos de las inmediaciones, el paseo solía ser difícil. El arquitecto no apreciaba lo que veía: “No es arte verdadero, sólo copias de obras mediterráneas”. Aprovechaba para denostar a Van Eyck o Rembrandt a los que calificaba, de manera excesiva, como “artistas de comedor burgués, decoradores de tercer orden”. Joaquín Vilaplana, familiar de la anfitriona debió de sufrir el carácter difícil que mostraba Gaudí en ese momento. Posteriormente dijo que “le dio la impresión de que Gaudí poseía una gran cantidad de conocimientos, pero que prefería aparecer como un snob de la humildad y la pobreza”. Las tres semanas que estuvo en Vich no sirvieron de gran cosa, tan sólo para que diseñara unas farolas muy criticadas que fueron, finalmente, derribadas en 1924; duraron, pues, trece años.

Al año siguiente, en la primavera de 1911, su médico, el doctor Santaló, le diagnosticó la fiebre aftosa (o fiebre de Malta). Lo llevó a Puigcerdá y se alojaron en el Hotel Europa. Al salir de estas crisis se orienta cada vez más hacia el catolicismo y hacia las recomendaciones dietéticas del abate Kneipp.


Foto tomada en Montserrat en 1904:
el doctor Santaló en primer plano a la derecha, con el padre de Gaudí detrás y a la derecha la sobrina del arquitecto, que figura con sombrero detrás de su padre. Santaló acompañaría a Gaudí en Puigcerdá para restablecerse de un proceso depresivo

Esto le lleva, no solamente a renunciar al tabaco (como mínimo hasta 1904 Gaudí fue un empedernido fumador de puros) sino a mostrarse intolerante con quien fumara cigarrillos: “¡Tire el cigarro!”, solía ordenar imperativamente a sus colaboradores, argumentando: “Dios no hizo las narices para que echaran humo como una chimenea”. El pintor castellonense Joan Porcar explicó la anécdota de que, en cierta ocasión, Gaudí hablaba sobre el Escorial en términos poco elogiosos; Porcar no le hacía mucho caso y seguía fumando; esto sacó a Gaudí de sus casillas: “Es un cigarrillo lo que perderá a los valencianos”, y Porcar añade: “Desde aquel día me tuvo cierta manía”. Porcar, intentando mejorar la relación y aprovechando que se encontró al arquitecto acompañado por el escultor Matamala en una parada de autobús, les pagó el billete. Los dos artistas ni siquiera le saludaron y mucho menos se dignaron hablar con él. Al día siguiente, para fatalidad de Porcar, se volvió a encontrar a Gaudí y lamentó el cáncer de Matamala a causa del cual le extirparon la nariz. Gaudí literalmente le dijo “Fot el camp”.


El pintor Juan Bautista Porcar, en su juventud, supo que fumar un simple cigarrillo suponía que Gaudí lo excluía ad infinitum de toda cortesía y saludo...

No puede decirse que estos comportamientos fueran, precisamente, los propios de un aspirante a la beatitud.

12. LOS FLECOS NO EXPLICADOS DEL “MISTERIO GAUDÍ”

Los últimos libros y artículos publicados en torno a la figura de Antoni Gaudí van en la dirección requerida por el Ayuntamiento de Barcelona para contribuir a la promoción turística de la ciudad. Todos ellos repiten lo ya dicho en las biografías clónicas, o bien, intentan no complicarse la vida, eludiendo los aspectos problemáticos de su biografía. Y, por supuesto, cuando aluden a la destrucción de las maquetas y de los documentos de Gaudí en la Sagrada Familia en julio de 1936, hacen equilibrios para evitar por todos los medios mencionar a sus autores…

Por otra parte, estas biografías también evitar mencionar que entre 1870 y 1882, como ya hemos dicho, prácticamente todos los pedidos, relaciones, amistades y proyectos del arquitecto estuvieron, de cerca o de muy cerca, vinculados al ambiente masónico barcelonés (y, concretamente, a la masonería disidente fundada por Rosendo Arús i Arderiu). Procuran evitar también explicar los “tránsitos” gaudinianos hacia el catolicismo y jamás han aclarado fehacientemente las convicciones políticas del arquitecto y su evolución. En cuanto al simbolismo que utilizó han procurado reducirlo al marco cristiano, atribuyendo a otros y a restauraciones posteriores, lo que no entraba en esa definición.

Es muy triste que un artista termine siendo una especie de comodín para justificar cualquier cosa. Para el entorno de gaudinianos de estricta observancia lo esencial es mostrar a un Gaudí como genial innovador de la arquitectura y católico en grado heroico merecedor de la santidad. Para el ayuntamiento, es simplemente un reclamo turístico. Y más que Gaudí, algunas de sus obras. Cualquier cosa para atraer turistas a los edificios construidos por Gaudí, mientras la ciudad gentrificada se va deshaciendo de sus ciudadanos y convirtiéndose en un entorno cada vez más hostil y peligroso.

Pero, siguen existiendo algunos “misterios” en torno al personaje y a su obra.

Entre otros, hay tres puntos en los monumentos gaudinianos que está unidos por un rasgo común: al unir los tres se forma un triángulo rectángulo de catetos iguales: estos puntos son, la peana del monumento a Buenaventura Carles Aribau situado en el parque de la Ciudadela realizado cuando trabajaba en el estudio de arquitectura de los hermanos Fontseré, el calvario del Park Güell y la verja del dragón Ladón en Pedralbes. Lo más perturbador de estos tres monumentos es que, en dos de ellos, encontramos símbolos masónicos (el cubo y la piedra cúbica puntiaguda) y, concretamente la forma original del calvario del Park Güell que conocemos gracias a una fotografía al haber sido destruido en las primeras semanas de la Guerra Civil por los esbirros del Frente Popular, no vemos tres cruces convencionales, sino la cruz de las tres dimensiones del espacio (de origen masónico) y en la que cada una de las cruces apunta en dos direcciones distintas, norte-sur, este-oeste, con la particularidad de que la tercera (desfigurada en la reconstrucción posterior a la guerra) y que debería apuntar en dirección arriba-abajo, era, originariamente, el triángulo masónico de catetos iguales… 

Para que tres puntos pudieran alinearse de esta forma en el mapa barcelonés, con un margen de muy pocos metros, se precisa algo más que una feliz casualidad, especialmente por que están distribuidos con la misma forma incluida en la tercera ¿cruz? del calvario.

Tres obras gaudinianas dispuestas en el callejero barcelonés en forma de triángulo rectángulo de catetos iguales, orientado de Norte a Sur. En el centro, el triángulo de piedra (destruida durante la guerra civil y restaurado como se ve en la foto superior izquierda)


Sin olvidar, por supuesto, que la cruz más habitualmente utilizada por Gaudí en todas sus construcciones, la cruz espacial, no es más que un cubo que proyecta sus caras en las tres dimensiones del espacio, algo que se ve perfectamente en la que colocó como coronación del colegio de las Teresianas en Sarriá. Las explicaciones de los gaudinianos son algo ingenuas: que si se trata del fruto del ciprés abierto, que si tiene esa forma para verse mejor en todas las direcciones, etc. Pero nada de todo esto se puede aplicar a las tres cruces del Turó de las Menas en el Park Güell, especialmente antes de ser desfiguradas por la barbarie anarquista.


Las cruces tridimensionales en el colegio de las Teresianas de Sarriá,
en cuyo núcleo muestran la "piedra cúbica" masónica de la que la cruz tridimensional es su desarrollo espacial.

Podríamos seguir, pero el límite de este artículo nos sugiere detenernos aquí. Pretendíamos solamente plantear algunas de las cuestiones que los gaudinianos no han resuelto, han ignorado o han resuelto de manera poco asumible.

13. CUANDO SUBIRACHS ENTRA EN ESCENA

Josep Maria Subirachs fue contratado para realizar las esculturas del Pórtico de la Pasión. Había sido contrario a la continuación de las obras, pero enlazar su biografía con la de Gaudí era algo que siempre le tentó. Había nacido menos de un año después de la muerte del arquitecto. Coincidí con él en varios programas de radio, invitado por Sebastia d’Arbó y, reconozco que una cosa fue la impresión que me dio al conocerlo y otra la interpretación que hice de su obra en la Sagrada Familia antes de conocerlo.

Empecemos diciendo que Subirachs me parece un escultor genial, uno de los mejores del siglo XX catalán. Y, sin duda, el que utilizaba un arsenal de símbolos más tradicionales. Aunque siempre fueran los mismos. La reiteración con la que utilizó el de la “piedra cúbica” me permitió pensar que quizás estuviera ligado a la masonería o a alguna sociedad iniciática. Fue, precisamente, un amigo miembro de la Gran Logia de España, el que me animó a que viera los trabajos que estaba realizando Subirachs en el Pórtico de la Pasión: y fue así como tuve conocimiento del “cuadrado mágico” y de otros símbolos en los que un masón podía reconocerse: el lazo de unión en la figura de Cristo en la Columna de la Pasión, una “G” bien visible en la túnica de Cristo yacente a la derecha del pórtico en el segundo nivel, la forma del Alfa y del Omega, deliberadamente representados como los símbolos de los cuatro elementos en el hermetismo clásico, una cruz de la que solamente se percibe la forma de la escuadra, el icosaedro regular de Dürero en la puerta de bronce, el laberinto en la misma puerta, etc.

  

   

Algunos de los elementos simbólicos del pastiche inorgánico colocado por Subirachs en el Pórtico de la Pasión: el cuadrado mágico, la columna de la Pasión con el nudo de la fraternidad masónica, el Alfa y el Omega estilizados con forma de los cuatro elementos alquímicos (fuego, tierra, agua y aire), la "G" masónica en el pecho de Cristo yacente, el laberinto y, finalmente, en la parte inferior derecha de la puerta de acceso al templo, el icosaedro utilizado por Albretch Dürer en su grabado La Melancolía.

Particularmente, el “cuadrado mágico” era perturbador: único en la historia del esoterismo, se sumara en la dirección que se sumara, siempre daba 33. Realicé un estudio simbólico sobre este cuadrado. De todo ello deduje: 1) Que Subirachs estaba familiarizado con el simbolismo tradicional, 2) Que Subirachs pertenecía a alguna “sociedad iniciática” que detentara el depósito de ese simbolismo, 3) Que si esos símbolos se habían colocado en el Pórtico de la Pasión era porque existía algún tipo de nexo simbólico-iniciático entre Gaudí y Subirachs…

Todo era erróneo. Un fenomenal patinazo... Cuando conocí al escultor, en apenas cinco minutos, me explicó de donde procedían todos sus símbolos: ¿La “G” en la túnica de Cristo yacente? Un pliegue de la mortaja. ¿El cuadrado mágico? Lo creó él mismo después de meditar sobre él varias semanas. ¿El alfa y el omega? Los propios del estilo lineal y con aristas que Gaudí había querido para ese pórtico. ¿La forma del nudo de la Columna de la Pasión? Un elemento decorativo, sin más. En la larga conversación que mantuve con él en un bar de la Calle Maestro Nicolau, quedó claro que Subirachs tenía conocimientos sobre simbolismo, que le llamaban mucho la atención los símbolos y las proporciones, pero que todo ello era independiente de cualquier conocimiento esotérico y de cualquier grupo iniciático, empezando por la masonería. Eran, tan solo, elementos propios de un artista moderno y de su estilo personal. Nada más. No puedo decir si mi decepción fue superior o inferior a mi sentimiento de haber, literalmente, metido la pata en el libro El misterio Gaudí y en varios artículos publicados en revistas. Subirachs, eso sí, elogió mi conocimiento sobre el simbolismo con una frase difícil traducción al castellano: “Las saps ben llargas”, me dijo. Luego me invitó a recorrer con él la Sagrada Familia cuando estuviera cerrada al público. Allí vivió -como Gaudí- mientras prosiguió su trabajo. El problema era que, todos aquellos símbolos, si carecían de un sentido global "esotérico", pasaban a ser apenas un "pastiche inorgánico"

14. EL GRAN PROBLEMA INCONFESADO DE LA SAGRADA FAMILIA:
EL PÓRTICO PRINCIPAL

Lo cierto es que Gaudí realizó en vida una maqueta de este pórtico que solo se corresponde, hasta cierto punto, con el proyecto que, antes o después, se intentará llevar a la práctica. De los tres pórticos: el del Nacimiento es el más barroco, el de la Pasión el más espectacular, pero el principal, el de la Gloria, es el que resulta estéticamente más discutible. El proyecto originario implicaba que tendría forma de bosque de ¿cipreses?, sobre los cuales, en las copas, deberían colocarse filacterias con los fragmentos del Credo. Y a los lados, otros cuatro campanarios. El resultado final vuelve a dar la razón a Oriol Buigas y a su definición de la Sagrada Familia como “mona de Pascua”.

 

El Pórtico de la Gloria que completa el aspecto de "mona de Pascua" del Templo.
A la derecha, un pastelero virtuoso convirtió el templo el "mona"

Estas torres tendrán en su interior campanas tubulares. El pórtico estará cubierto por las cuatro bóvedas hiperboloides inferiores de los campanarios y (copiamos de una web dedicada a este pórtico) “por un conjunto de quince linternas desiguales, con un total de veinte bóvedas. Descansará sobre veintiuna columnas. Las puertas serán cinco, una por cada nave lateral y una central triple para la nave principal que, como los otros pórticos estarán dedicados a las virtudes teologales, fe, esperanza y caridad”. Y sigue: “El elemento más espectacular del conjunto, serán unas construcciones en forma de nubes que subirán por los cuatro campanarios siguiendo las linternas y que llevarán escrito en caracteres de enorme dimensión el Credo Credo in unum Deum Patrem Omnipotentem, creatorem coeli et terrae. Estas nubes rodearán una imagen de Dios, etc, etc, etc”.

 

 
  

La maqueta originaria del Pórtico de la Gloria; abajo, las interpretaciones más fieles a los deseos de Gaudí que han sido atemperados por el equipo técnico actual de la Sagrada Familia (imagen superior derecha)

Gaudí parece haber tenido en cuenta el “programa iconográfico” de algunas catedrales medievales, con imágenes del Antiguo y del Nuevo Testamento en la decoración de los capitales, los tapices, las imágenes sagradas, etc. Esto era necesario y comprensible en aquellos tiempos lejanos en donde no existía la imprenta y el único medio de transmitir imágenes sagradas y de instruir a la población sobre los valores, dogmas y personajes del catolicismo era mediante la iconografía. Pero ese tiempo ha pasado: a la imprenta, se han unido la radio, la televisión, internet… Hoy una concepción iconográfica medievalista implica que un templo quedaría -como es el caso de la Sagrada Familia- excepcionalmente recargado; como ocurre en el Pórtico del Nacimiento, donde los visitantes quedan sin saber dónde mirar, ni percibir la totalidad de los símbolos y personajes allí representados, o como ocurre en el Pórtico de la Pasión tratando de interpretar símbolos y personajes muy oscuros por lo demás.

En lugar de la Gloria y la Majestuosidad que debería transmitir el Pórtico principal, volvemos a ver un efecto estético muy cuestionable y un intento nuevamente frustrado de imitación de la naturaleza, agravado por las filacterias (a veces representadas en formas de nubes) y recargado por las torres y sus campanas tubulares (sobre estas, Gaudi dejó algunas notas; recuerdo, por ejemplo, haber leído que cada uno de los campanarios debería tener una campana con una nota diferente de la escala musical; al estar los campanarios abiertos con numerosos orificios, el aire, al pasar por ellos, debería componer una “música celestial”; podemos imaginar lo que representaría para el barrio el oír permanentemente esa música y entendemos perfectamente por qué no se han colocado esas campanas en el interior de las torres. También he leído que el proyecto gaudiniano original debería albergar 84 campanas tubulares de bronce a modo de gran carillón, cada una de las cuales sería que cubre todas las notas de un piano. Estas campanas se colocarán en el interior de los 12 campanarios. En fin, un proyecto “kolosal”, pero también arriesgado, difícil de ejecutar e, incluso, molesto y de resultado dudoso (el muy pequeño carillón instalado en el interior de la Cripta de la Colonia Güell, no pasa de ser casi un sonoro juego infantil).

 

15. AUTOCRÍTICA Y CONCLUSIÓN

Mi padre era gaudiniano y yo visité por primera con él las obras de la Sagrada Familia en los años 50. Desde entonces me ha interesado la obra de Gaudí, aunque disto mucho de ser un “experto”. Simplemente, en algunos escritos me he limitado a dar mi opinión y a realizar algunas observaciones sobre su vida y su obra. Si me he podido equivocar ha sido por la premura con la que suelo escribir y pido perdón por ello.

Me gusta la arquitectura, pero no he estudiado arquitectura. La obra de Gaudí, desde aquella primera visita con mi padre a la Sagrada Familia, me ha sorprendido, pero no puedo decir que me haya gustado. En estas líneas creo haber presentado un criterio de objetividad presente en la Catedral de Barcelona y en Notre Dame de París: la “divina proporción” o “proporción áurea”; allí donde está presente, ya sea en un monumento, una máquina o un rostro, allí puede decirse que, objetivamente, “hay belleza”. En función de este criterio, puedo decir que en la obra de Gaudí hay más excentricidad que “originalidad” (si por originalidad endentemos lo que se remonta a los “orígenes”).

Ya he dicho que la personalidad de Gaudí me parece provista de un “titanismo” que, como siempre, tiene el fracaso al final del camino. Y Gaudí fracasó:

- Su templo expiatorio iniciado en la Barcelona católica, se consumará cuando el islam sea la religión más seguida en la ciudad;

- Su templo no servirá para expiar los pecados de un pueblo que ha dejado de creer en los valores cristianos, sino para servir a la promoción turística de la ciudad.

- Gaudí fracasó en su intento de superar la arquitectura gótica.

- Fracasó en su intento de “imitar la naturaleza”.

- La “moda gaudiniana” atrajo solo durante unas décadas a la burguesía catalana, pero fracasó desde el momento en que se impuso el novecentismo.

- Su vida fue estéril: no dejó detrás, ni hijos, ni siquiera discípulos. Los que intentaron imitar supersonalísimo estilo (Jujol, en concreto), no lograron consolidar una escuela y sus resultados fueron más bien discretos, sino tristes.

Hoy, incluso, podemos pensar que su proceso de beatificación es un recurso más para reforzar el atractivo turístico de Barcelona, algo en lo que coinciden gaudinianos ortodoxos y administradores municipales. Ya hemos visto que vivió el catolicismo de una manera extrema, pero no logró superar sus accesos de ira, sus enfados propios de viejos cascarrabias y sus actitudes despreciativas, impropias de la santidad. Pero, bueno, justo es decir que en las últimas décadas se ha santificado a personajes que tenían todavía menos méritos que Gaudí…